domingo, 7 de marzo de 2010
LA CORRUPCIÓN Y SUS ESTILOS
LA CORRUPCIÓN Y SUS ESTILOS
Si amigas y amigos hay mucho que hacer. Uno de los temas sumamente reclamados a través del tiempo, es la revisión de los actos de quienes laboran tanto en la función pública como en la privada.
Desde épocas pasadas, una de las lacras más agobiantes, ha sido la corrupción en todos los niveles y estructuras de los países de la región. Esto se observa no sólo a nivel de gobierno central, sino inclusive en el ámbito de las empresas privadas.
Comportamientos que trastocan nuestro ordenamiento jurídicamente constituido y nuestros modelos de conducta, es una constante en nuestro países, haciéndose cada vez más visible, cuya influencia con mayor arraigo se viene recibiendo de tras de nuestras fronteras. Esta situación hace que nuestra sociedad tenga una conducta ambivalente, pues si bien es cierto critica a los que de una o de otra manera se aprovechan de estos modelos de conducta, sin embargo mira también con envidia los éxitos económicos de las personas que están dentro de esta red de corrupción, lo que evidentemente impulsa del mismo modo a ellos a buscar enlaces que les permitan entrar a dichos círculos.
Gran parte de la sociedad latinoamericana, económicamente pobres o ricos, de una o de otra manera está inmersa en este tipo de comportamientos, siendo así que la población en su conjunto, ve a estos estilos como modelos de conducta y más aún si los actores no son sancionados drásticamente y en el peor de los casos son perdonados, por los que se arrogan o han sido designados para hacer cumplir la Ley, quienes evidentemente en su mayoría no tienen la autoridad suficiente para ello.
Esta situación, viene acarreando una inevitable descomposición de nuestra sociedad, la que aún mira con una inexcusable tolerancia a los corruptos, quienes influyen en nuestros modeles de vida e inclusive en nuestro pensamiento. A decir de Rudy Mendoza Palacios la corrupción envuelve a una considerable mayoría, víctima de la incultura, ignorancia y desdén así como a elementos de las clases dominantes que prefieren mantener al pueblo limitado y excluido. El estilo de vida estaría inclinado por métodos ilícitos considerados naturales. Se llega a medir el ingenio para burlar la ley, la falsificación es expresión de la descomposición en el comportamiento. Hay una parte de la sociedad que no le interesa que los actos de corrupción continúen a condición de que los dictadores les confieran favores y privilegios.
La universidad y otros centros de formación superior como parte de la superestructura de nuestra sociedad, se ve subsumido por este tipo de comportamiento, en cuyas aulas mayormente dictan profesores con palúdica formación académica y acólitos vergonzantes de los círculos de corrupción de toda índole; pocas veces se ven maestros que se merecen llamarse como tal, pues a la mayor parte no sólo le cunde la ignorancia, si no también el temor de verse comprometido con ideas renovadoras ¡hay de aquellos maestros tímidos y de palúdica formación!, más temprano que tarde, será la nueva sociedad que se encargará de juzgarlos.
La escuela no se aleja de esta triste realidad, pues ella sólo predica conceptos hábilmente diseñados por las clases sociales dominantes de nuestro país, quienes evidentemente pertenecen a los grupos de poder y muy poco pueden hacer los maestros ante esta cruda realidad, a quienes se les exige mayores conocimientos de matemáticas y de lenguaje y comunicación, pero para nada se les demanda conocimientos de la realidad nacional e internacional; pues; para nuestros gobernantes, sería un escándalo que los maestros conozcan e impartan críticamente conceptos que políticamente tengan que ver con nuestro modelo de sociedad y la de otros países y más aún si se atreven a proponer modelos de sociedades que perjudiquen sus modus vivendi. Al maestro se le tiene adocenado, exigiéndole una cultura de conceptos chabacanos y no una cultura integral, que le posibilite ser censor de su propia realidad.
En un análisis mondo de nuestra realidad familiar, que niño o que hijo, en más de una oportunidad no ha cogido dinero o algún bien sin el permiso de sus padres, quienes muchas veces en forma tolerante, responden diciendo “que aproveche mi hijo lo que yo no he podido hacerlo de joven”. Que padre o madre en más de una oportunidad no se ha aprovechado de los bolsillos o monederos de sus esposos, esposas o convivientes, sin importarles las consecuencias que podrían generar, si no simple y llanamente la satisfacción momentánea de un superflua necesidad. Como se podrá ver, estos modelos de vida se vienen arrastrando desde mucho tiempo atrás. Es consecuencia de que nuestros modelos educativos, jamás se han preocupado decididamente por combatir la corrupción, nunca han considerado esta depravación, como el elemento fundamental de la descomposición de nuestra sociedad; esto evidentemente, no por que no se hayan dado cuenta los impulsores de estos modelos educativos, si no porque sus diseños de gobierno no les permiten, quieren que siempre la población viva sumergida en esta triste realidad, para poderse aprovechar con facilidad de los recursos de nuestra sociedad.
Si amigas y amigos hay mucho que hacer. Uno de los temas sumamente reclamados a través del tiempo, es la revisión de los actos de quienes laboran tanto en la función pública como en la privada.
Desde épocas pasadas, una de las lacras más agobiantes, ha sido la corrupción en todos los niveles y estructuras de los países de la región. Esto se observa no sólo a nivel de gobierno central, sino inclusive en el ámbito de las empresas privadas.
Comportamientos que trastocan nuestro ordenamiento jurídicamente constituido y nuestros modelos de conducta, es una constante en nuestro países, haciéndose cada vez más visible, cuya influencia con mayor arraigo se viene recibiendo de tras de nuestras fronteras. Esta situación hace que nuestra sociedad tenga una conducta ambivalente, pues si bien es cierto critica a los que de una o de otra manera se aprovechan de estos modelos de conducta, sin embargo mira también con envidia los éxitos económicos de las personas que están dentro de esta red de corrupción, lo que evidentemente impulsa del mismo modo a ellos a buscar enlaces que les permitan entrar a dichos círculos.
Gran parte de la sociedad latinoamericana, económicamente pobres o ricos, de una o de otra manera está inmersa en este tipo de comportamientos, siendo así que la población en su conjunto, ve a estos estilos como modelos de conducta y más aún si los actores no son sancionados drásticamente y en el peor de los casos son perdonados, por los que se arrogan o han sido designados para hacer cumplir la Ley, quienes evidentemente en su mayoría no tienen la autoridad suficiente para ello.
Esta situación, viene acarreando una inevitable descomposición de nuestra sociedad, la que aún mira con una inexcusable tolerancia a los corruptos, quienes influyen en nuestros modeles de vida e inclusive en nuestro pensamiento. A decir de Rudy Mendoza Palacios la corrupción envuelve a una considerable mayoría, víctima de la incultura, ignorancia y desdén así como a elementos de las clases dominantes que prefieren mantener al pueblo limitado y excluido. El estilo de vida estaría inclinado por métodos ilícitos considerados naturales. Se llega a medir el ingenio para burlar la ley, la falsificación es expresión de la descomposición en el comportamiento. Hay una parte de la sociedad que no le interesa que los actos de corrupción continúen a condición de que los dictadores les confieran favores y privilegios.
La universidad y otros centros de formación superior como parte de la superestructura de nuestra sociedad, se ve subsumido por este tipo de comportamiento, en cuyas aulas mayormente dictan profesores con palúdica formación académica y acólitos vergonzantes de los círculos de corrupción de toda índole; pocas veces se ven maestros que se merecen llamarse como tal, pues a la mayor parte no sólo le cunde la ignorancia, si no también el temor de verse comprometido con ideas renovadoras ¡hay de aquellos maestros tímidos y de palúdica formación!, más temprano que tarde, será la nueva sociedad que se encargará de juzgarlos.
La escuela no se aleja de esta triste realidad, pues ella sólo predica conceptos hábilmente diseñados por las clases sociales dominantes de nuestro país, quienes evidentemente pertenecen a los grupos de poder y muy poco pueden hacer los maestros ante esta cruda realidad, a quienes se les exige mayores conocimientos de matemáticas y de lenguaje y comunicación, pero para nada se les demanda conocimientos de la realidad nacional e internacional; pues; para nuestros gobernantes, sería un escándalo que los maestros conozcan e impartan críticamente conceptos que políticamente tengan que ver con nuestro modelo de sociedad y la de otros países y más aún si se atreven a proponer modelos de sociedades que perjudiquen sus modus vivendi. Al maestro se le tiene adocenado, exigiéndole una cultura de conceptos chabacanos y no una cultura integral, que le posibilite ser censor de su propia realidad.
En un análisis mondo de nuestra realidad familiar, que niño o que hijo, en más de una oportunidad no ha cogido dinero o algún bien sin el permiso de sus padres, quienes muchas veces en forma tolerante, responden diciendo “que aproveche mi hijo lo que yo no he podido hacerlo de joven”. Que padre o madre en más de una oportunidad no se ha aprovechado de los bolsillos o monederos de sus esposos, esposas o convivientes, sin importarles las consecuencias que podrían generar, si no simple y llanamente la satisfacción momentánea de un superflua necesidad. Como se podrá ver, estos modelos de vida se vienen arrastrando desde mucho tiempo atrás. Es consecuencia de que nuestros modelos educativos, jamás se han preocupado decididamente por combatir la corrupción, nunca han considerado esta depravación, como el elemento fundamental de la descomposición de nuestra sociedad; esto evidentemente, no por que no se hayan dado cuenta los impulsores de estos modelos educativos, si no porque sus diseños de gobierno no les permiten, quieren que siempre la población viva sumergida en esta triste realidad, para poderse aprovechar con facilidad de los recursos de nuestra sociedad.
domingo, 3 de enero de 2010
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